Los padres del preso político vasco Mikel Arrieta, Carmen Llopis y Tomás Arrieta, de 67 y 72 años de edad denuncian el trato vejatorio sufrido en una comisaría de Barcelona. Y otras noticias de la Cumbre de la Unión Europea.
      Información publicada en GARA el 19 de marzo de 2002.


      «Del frío tan horroroso, tenía calambres en las piernas y ni siquiera nos dieron mantas»

      Los padres del preso político vasco Mikel Arrieta, Carmen Llopis y Tomás Arrieta, de 67 y 72 años de edad respectivamente, quedaron en libertad sobre las 3.00 del lunes, tras permanecer tres días en comisaría por haber exhibido el viernes en Barcelona una pancarta que preguntaba «¿Por qué tenemos que morir para visitar a nuestro hijo?». A su regreso, han denunciado que «nos metieron como a sapos en un pequeño habitáculo, sin mantas ni agua». La Fiscalía ha pedido para ellos y para los cuatro miembros de Zuzen Ekintza Taldea un año de cárcel por «desórdenes públicos».

      Ainara LERTXUNDI-Martxelo DIAZ / DONOSTIA

      Durante los tres días que permanecieron detenidos en Barcelona, Carmen Llopis y Tomás Arrieta no pudieron mantener contacto alguno ya que los metieron en celdas diferentes. «Nos pusieron en filas como en la mili y no podía tocar a mi marido. Luego me dejaron sola en una celda, aunque posteriormente trajeron a más chicas», relató ayer Carmen Llopis a GARA tras su regreso a casa.

      El matrimonio, de 72 y 67 años de edad y padres del preso político vasco Mikel Arrieta, se trasladó hasta la capital catalana para denunciar la dispersión durante la cumbre de la UE. El viernes pasado, en plena Diagonal, ambos sacaron una pancarta en la que se podía leer «¿Por qué tenemos que morir para visitar a nuestros hijos», al tiempo que, en el mismo lugar, miembros de Zuzen Ekintza Taldea simulaban un accidente de tráfico de un familiar. A pesar del carácter pacífico de la protesta y de su avanzada edad, Carmen Llopis y Tomás Arrieta han permanecido tres días en dependencias policiales, hasta que ayer fueron puestos en libertad alrededor de las tres de la madrugada. A la salida les aguardaba su hija, que los trajo de vuelta a casa.

      Del trato que recibieron, Llopis resaltó que «nos metieron como a sapos en un pequeño habitáculo. En una celda de 2 x 1,5 metros estábamos siete personas, mientras que en la de mi marido había diez. No había ni baño ni agua y tampoco papel higiénico. Ni siquiera nos dejaron llevar un triste vaso de agua». Lo peor, a su juicio, fue «el frío horroroso que hacía, incluso tenía calambres en las piernas. Aun así, no nos dieron mantas, aunque las solicitamos repetidamente. Al final, nos facilitaron una colchoneta y una manta para todas. En esos momentos te das cuenta de cómo deben estar los pobres presos».

      Destacó que «una de las cosas más duras fue ver pasar constantemente y durante toda la noche a tanta gente y oír sus gritos pidiendo agua, por ejemplo. Una joven de Alemania se tapó los oídos. Otra chica de 19 años entró en la celda con una lesión en el brazo y una brecha en la cabeza. Era una auténtica locura. Además me dolían los ojos si fijaba la vista en los barrotes, por lo que yo misma me daba masajes oculares».

      En el momento de la detención, se sentía «bastante tranquila. Pude expresar mi reivindicación, que traigan a los presos a casa. Gracias a mis habituales ejercicios de relajación, me mantuve tranquila».

      «Una vez en comisaría ­añadió­, me dijeron ''a ver qué hacía ahí en lugar de estar trabajando'' y en referencia a mi marido comentaron que ''mira lo que se le ha ocurrido a este viejo''. También nos gritaron: ''vuestro hijo es un asesino''».

      En los interrogatorios, según señaló Llopis, «a Tomás le preguntaron ''dónde habíamos robado el coche''. El afirmó que no lo habíamos robado, que tenía dueño y que si querían saber algo más miraran en los papeles del vehículo. Otra de las cosas que nos dijeron fue ''por qué no queman su coche''».

      El domingo los trasladaron al Juzgado a las 10.00 para que prestaran declaración, pero ésta no se produjo hasta el anochecer. «No nos dieron de comer; únicamente un zumo. Cuando salimos de la celda no pude lavarme la cara. Al juez le dije que me habían quitado las gafas, por lo que no pude ver con exactitud qué estaba firmando», recordó Llopis.

      El fiscal ha pedido un año de prisión por «desórdenes públicos» para Carmen Llopis, Tomás Arrieta y los miembros de Zuzen Ekintza Taldea.

      Mientras, los dos jóvenes que saltaron al Camp Nou para reivindicar la autodeterminación de Euskal Herria fueron puestos en libertad por la tarde, a la espera de un juicio de faltas.

      En protesta por las detenciones de Barcelona, 40 personas realizaron ayer un corte de carretera en Atarrabia .

      Arresto ilegal en el Camp Nou

      Por otra parte, la organización juvenil independentista Endavant asumió la acción desarrollada durante la primera parte del partido del sábado en el Camp Nou, y denunció que las detenciones fueron ilegales, ya que «la Policía sabía perfectamente que el Fútbol Club Barcelona no iba a poner denuncia por estos hechos, por lo que no existe delito».

      Endavant subrayó a este diario que «las detenciones se han producido por motivaciones políticas. Los independentistas catalanes hemos sufrido la represión directamente, pero con los vascos se han cebado».


      Denuncia de torturas y arbitrariedad

      M.D. / IRUÑEA

      Los abogados de la Campanya contra l''Europa del Capital destacaron que los detenidos durante la cumbre de la UE en Barcelona han sufrido malos tratos y torturas en la comisaría de La Verneda, al tiempo que denunciaron que se han dado casos de «montajes policiales, como colocarles piedras en las manos a los arrestados y fotografiarlos después».

      En este sentido, subrayaron que muchas de las detenciones practicadas en Barcelona «han sido totalmente arbitrarias y no se ha arrestado a ''personas violentas'', como se ha señalado en la versión oficial».

      «Prueba de ello es que un número importante de gente ha sido puesto en libertad sin cargos después de estar 48 horas detenidos y que también son muchos a quienes únicamente se les ha abierto un juicio por faltas», añadieron los letrados.

      Por otra parte, el Comité de Solidaridad con la Causa Arabe publicó en su web (www.nodo50.org/csca) fotografías de policías de paisano infiltrados provocando incidentes en la manifestación del sábado y, al tiempo, practicando detenciones.


      Un largo viaje y 66,1 euros de gasto semanal

      Desde hace un año, el preso Mikel Arrieta está en Navalcarnero, después de que el 17 de enero de 2000 fuera entregado por México al Estado español. «El viaje es largo y mi marido se duerme con facilidad y a veces paramos para dormir. A la semana el gasto alcanza los 66,1 euros. El primer año estuvo en Soto del Real y a los pocos meses mi hija tuvo un accidente cuando iba a visitarlo», relató su madre.

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